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TIERRA, ALMA, SOCIEDAD o la Era de la Sostenibilidad  

Satish Kumar  

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01.

Tierra, Alma y Sociedad son tres aspectos que se nutren, retroalimentan e interactúan mutuamente. El desarrollo del ser no se concibe fuera de una sociedad y la sociedad no está fuera de la tierra. En lo que se concibe como la era de la sostenibilidad, puede representar la emergencia de un auténtico pensamiento holístico que reúna la naturaleza, lo humano y lo espiritual como cuestiones completamente indivisibles. Se nutre la tierra cuando se compensa la pérdida que le hemos causado, de tal forma que ésta se convierta finalmente en un bien. Es bueno recordar, igualmente, que desde nuestro nacimiento hasta la muerte estamos inmersos en una sociedad que se hace cargo de algunas de nuestras necesidades. Para agradecer este regalo podemos ofrecer alegre y serenamente nuestro trabajo, creatividad, arte o artesanía, nuestro huerto o arquitectura a la sociedad, y por el equilibrio del planeta, a las generaciones presentes y futuras.

 

Tierra, Alma y Sociedad conforman un triángulo indivisible, un todo interconectado. Necesitamos dedicar tiempo y atención a  estos tres aspectos de nuestra vida cada día, día  tras día.

 

NUTRIR LA TIERRA REPONIENDO:  Al respetar la tierra estamos restaurando el daño que de algún otro modo se le haya causado, restableciendo así el equilibrio. Cuando cultivamos la tierra año tras año se produce un empobrecimiento de sus minerales. Si nosotros permitimos que la tierra descanse un año, recobrará su fertilidad y estaremos respetándola y nutriéndola.  Se nutre la tierra cuando se compensa la pérdida que le hemos causado, de tal forma que ésta se convierta finalmente en un bien. Talar unos árboles para construir una casa supone una pérdida para la naturaleza. Mas si nosotros plantamos después no un sólo árbol -eso sería una mera reposición- sino cinco ó más árboles, estaremos nutriéndola.

NUTRIR LA SOCIEDAD CON NUESTROS DONES: Es bueno recordar que desde nuestro nacimiento hasta la muerte estamos inmersos en una sociedad. En la mayoría de los casos o bien la familia o bien la comunidad se ha hecho cargo de algunas de nuestras necesidades. En la escuela los profesores se han dedicado a transferirnos sus conocimientos. El arte, la cultura y la ciencia son un regalo al colectivo de la generación presente y pasada. Darse cuenta del gran valor que tiene todo este legado cultural nos ha de llevar a un profundo agradecimiento y este agradecimiento a una actitud de querer corresponder este servicio con nuestra aportación personal, nuestros talentos, nuestro trabajo, nuestro conocimiento… como una ofrenda a la sociedad.

NUTRIR EL ALMA, EL CUIDADO DE UNO MISMO: Cuidamos nuestro cuerpo y nuestro espíritu (llamado por los griegos psique o alma, formado por nuestra mente y emociones) a través del ejercicio del silencio, la meditación, el estudio, el ayuno, la austeridad y el contacto con la naturaleza.

En realidad estos tres aspectos son el mismo, no son distintos.  Los tres se nutren, retroalimentan e interactúan mutuamente. El desarrollo del ser no se concibe fuera de una sociedad y la sociedad no está fuera de la tierra. Los tres unidos componen el hermoso orden del planeta.

Esta trinidad de nutrir la naturaleza, a uno mismo y a la sociedad me ha dado mucho que pensar desde que leí por primera vez sobre ella en el Bhagavad Gita, el libro sagrado de la tradición hindú. Desde entonces ha permanecido dentro de y se ha convertido en la base de todo mi pensamiento y acción. Yo he elegido mis propias palabras para ella: Tierra, alma y sociedad (en inglés soil, soul and society).

Los valores humanos se han expresado muy a menudo en trinidades: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo inspiran la tradición cristiana; Vida, Libertad y Búsqueda de la felicidad constituyen el ideal americano; Libertad, Igualdad y Fraternidad fueron los lemas de la Revolución Francesa; Mente, Cuerpo y Espíritu son el corazón del movimiento nueva era…  En lo que yo concibo como la era de la sostenibilidad, Tierra, Alma y Sociedad puede representar la emergencia de un auténtico pensamiento holístico que reúna la naturaleza, lo humano y lo espiritual como cuestiones completamente indivisibles 

Padre, Hijo y Espíritu Santo forman una trinidad de carácter espiritual. Libertad Igualdad y Fraternidad fue un lema en reacción al orden social establecido en aquel tiempo. Mente, Cuerpo y Espíritu atiende fundamentalmente al estado interior de cada persona. Algunas veces las propuestas de crecimiento personal o de búsqueda de plenitud espiritual se asemejan al camino ascético de los monjes pero de una forma más confortable y autoindulgente, en la que podemos mirarnos al espejo preguntándonos ¿Porqué no estoy bien? mientras olvidamos la fragmentación de la sociedad y la degradación del planeta que indudablemente tienen un impacto en nuestro bienestar personal. La trinidad propuesta quiere ser holística e inclusiva.

Nutrir la Tierra

La Tierra es lo primero, puesto que procedemos de la tierra y tarde o temprano volveremos a ella, puesto que todo el alimento que nos sustenta se cultiva en ella al igual que el algodón o la lana con la que se hace la ropa que nos cubre. Todos los combustibles que empleamos proceden de ella, aceite, carbón, gas, madera… El arte y la cultura se inspiran en la naturaleza para crear… La tierra representa a todo el planeta en el que se recrea nuestra Vida gracias también al aire, al fuego, al agua.  Nuestra existencia depende de la tierra y, por ello, la tierra es mucho más que un objeto, es el símbolo de la Vida.

Tanto los clásicos griegos como los textos de los Upanishads, antiguos filósofos indios, compusieron obras de teatro de carácter profundamente filosófico en las que se proclamaba que cada cosa, fuera lo que fuera, era morada de lo divino y que todas las cosas en su estado natural son puras, sagradas. Esa santidad no provenía de un Ser ajeno reinando en un lugar lejano sino de la esencia inherente a la propia naturaleza.  Los animales, ríos, vientos, dioses y diosas vivían en una relación de absoluta interdependencia que parecemos haber perdido con el devenir de los años.

Los seres humanos somos parte de la naturaleza. Se supone que deberíamos vivir en un estado de humildad y gratitud hacia la tierra. Cuidarla y conservarla es nuestra responsabilidad, no sólo porque nos es útil, ya que subsistimos gracias a ella, si no porque es buena en sí misma, sagrada. Esto se ha llamado en la actualidad Ecología reverencial.  El humanismo que emergió del Renacimiento, la Ilustración, la Revolución Industrial y el progreso científico y tecnológico trajo grandes beneficios a la humanidad, aunque el excesivo antropocentrismo (el hombre como centro de todo el universo) generó una arrogante convicción de que la naturaleza existe para el uso y el beneficio del ser humano. Que el ser humano es superior a las otras formas de vida y que puede controlar, apropiarse y utilizar la tierra como le venga en gana.  Este punto de vista es la raíz de la situación ecológica, psicológica, espiritual y social actual.

En este sentido las antiguas tradiciones, muy en contacto con la exaltación de la naturaleza sagrada, pueden servirnos de vía para reequilibrar esa arrogancia excesiva y destructiva.  Según el libro de Bhagavad Gita, la resolución de esta crisis pasa por tomar de la tierra sólo aquello que cubra nuestras necesidades más básicas, reponiendo de alguna u otra forma la pérdida que hemos causado para subsistir.

Una vez, Gandhi estaba alojado en casa del Sr. Nehru -que posteriormente fue Primer Ministro de India- en la ciudad de Allahabad.  En esa época todavía no había agua corriente en las casas, así que Nehru trajo a Gandhi una jarra de agua para su baño matutino. Nehru se dedicó a verter agua en el barreño mientras mantenían una animada conversación sobre la situación política en india. Cuando terminó de verterla toda, vio que Gandhi estaba todavía enjabonándose. Nehru dijo:  un momento, voy por más agua. Gandhi se quedó atónito y dijo: ¿Qué? ¿He utilizado una jarra entera y todavía no he terminado? ¡Qué derroche! ¡Yo nunca utilizo más de una jarra entera y todavía no he terminado! Gandhi dejó de hablar. Nehru no podía comprender la reacción de Gandhi ni por qué se había puesto tan serio.

Poco después se sorprendió aún más cuando vio lágrimas en los ojos de Gandhi. ¿Porqué lloras?, le preguntó. Soy descuidado y derrochador. Estoy avergonzado. Nehru le disculpó: Aquí en la ciudad de Allahabad hay dos grandes ríos, el Ganges y el Yamuna. No hay falta de agua. No estamos en tu pueblo, Gujarat, tierra de desierto. Pero Gandhi contestó: Tienes razón. Os han bendecido con dos ríos atravesando la ciudad, pero mi limite de gasto de agua para lavarme es de sólo una jarra por día y no más.

Esto es una actitud ejemplar hacia la naturaleza.  Gandhi no quería derrochar ni una gota de agua. El derroche es uno de los errores más habituales de nuestra sociedad moderna. Derrochar de este modo engendra falta de conciencia y, a la larga, violencia. Va contra la naturaleza.

En las ciudades modernas se producen montañas de basura. La producción masiva causa el ciclo gasto/consumo/derroche. Aunque nadie necesite esos productos, las fábricas deben continuar produciendo para mantener el sistema y a los trabajadores en sus empleos. Extraemos sin cuidado los recursos naturales de la tierra y los convertimos en productos sintéticos que tiramos muy a menudo de forma que no pueden ser reutilizados por la naturaleza.

Cuando trabajamos con la tierra no ha de producirse derroche. Si nos acostumbramos a reutilizar, reciclar, restablecer recursos y a utilizarlos con cariño y restricción no habrá tanta carestía. Como decía siempre Gandhi: en el mundo hay suficiente como para satisfacer las necesidades de todos, sin embargo no hay suficiente como para satisfacer la ambición de unos pocos. El cuidado y la restricción conducen a la abundancia.

Nutrir el Alma

Si no cuidamos el alma, no podremos cuidar la tierra y la sociedad.  

Hay muchas luces y sombras en nuestra alma. Puede haber sido herida por la rabia o el rencor, dañada por la ansiedad o el miedo. La envidia y el resentimiento pueden hacerla enfermar. Si negamos alguna parte de nuestro mundo interior queda fragmentada. La tentación del poder puede corromper nuestra mente. Necesitamos sanar nuestra alma para volver a ser un todo pleno y unido.  Hay formas de autosanarse y autopurificarse. 

Cuando nuestro cuerpo suda o se ensucia rápidamente lo purificamos lavándonos, al igual que lavamos la ropa cuando se mancha. Dedicamos horas a limpiar nuestras casas, barremos, pasamos el plumero… estas prácticas nos ayudan a purificar el entorno exterior. Sin embargo ¿limpiamos del mismo modo el interior? 

Necesitamos recurrir a alguna práctica para purificarnos internamente. Nuestras mentes se contaminan con información dañina, los periódicos y la TV a menudo agitan nuestra mente. La conciencia se ve en muchas ocasiones limitada por el orgullo, los deseos, la angustia. 

Necesitamos limpiar el interior. La soledad y el silencio son una buena forma de limpieza y recuperación.  Al estar continuamente en contacto con todos los problemas del mundo -políticos, económicos, domésticos- podemos terminar profundamente afectados por ellos. El contacto ininterrumpido con gente, con sus opiniones,  la ideología variada de todas las instituciones con las que nos relacionamos pueden constituir una cadena que pese en nuestras almas. Por ello, cuando hacemos silencio, cuando nos retiramos, cuando hacemos una peregrinación, somos capaces de recuperar nuestra serenidad y volver a nuestro centro. 

El silencio y la soledad son particularmente necesarios en estos tiempos modernos, el los que estamos de continuo ocupados con diferentes quehaceres, constantemente preocupados y con prisa. El silencio es la ausencia de conversación externa, el aquietamiento del discurso interno, la quietud del cuerpo y del pensamiento. Es estar en calma, en estado de descanso.

El ayuno también forma parte de la limpieza interna. Una de las intenciones que subyace en esta práctica es desactivar la pulsión del consumo excesivo e inconsciente. Comer un poquito menos de lo habitual es una forma de practicarlo, tomar por ejemplo una tostada para desayunar en lugar de dos. Los monjes jainistas practican el ayuno para combatir la confusión mental.

Abstenerse de consumir en exceso es también una vía de limpieza. Dentro de esta idea general de ayuno, sencillez y ausencia de voracidad está el reducir la cantidad excesiva de ropa, zapatos, adornos u otras posesiones. También implica poner un limite razonable a los viajes y a los lujos. La austeridad es buena para ti y para la posteridad. Si no consumimos tantos recursos no privamos a las generaciones futuras ni nos dejamos esclavizar por una pulsión al consumo incontrolado. Una vida simple y mínima es muy buena para la salud. 

Es importante no confundir este sano limite y autorrestricción por sensibilidad y solidaridad con un control represivo. Esta práctica tiene un sentido constructivo, sanador y ha de llevarse a cabo con una actitud positiva. El sentido profundo del ayuno y la austeridad emergen de la toma de conciencia profunda de los limites de uno mismo, y esta restricción ha de surgir a partir de esta toma de conciencia, de forma natural. El placer y la restricción son gemelos y van juntos de la mano. Ser excesivamente autoindulgente no es un buen camino para disfrutar de la vida. Quien saber quedarse solo con lo que les es suficiente, está satisfecho con ello y no necesita más se ha liberado del consumismo obsesivo.

Después de limpiar el interior hay varias formas de nutrirse: la humildad, el servicio, el estudio y el sueño. La  humildad nos libera del peso de la importancia personal; el servicio despeja la obsesión por nuestros propios problemas y preocupaciones. No hablamos de caridad, filantropía o altruismo, hablamos de hacer esto para renovación personal. El estudio de textos inspirados y la contemplación del significado profundo de sus palabras es una forma insustituible de nutrición. También lo es el canto o el escuchar buena música. 

Cuando hablo del estudio me refiero a aquel que propicia el estudio interior, el estudio de textos sobre el Ser, para Ser. Este estudio no tiene nada que ver con adquirir información, conocimientos o entretenimiento para pasar el tiempo. El Estudio del Ser es particularmente importante. ya que puede transformar completamente nuestra vida. Es fácil estudiar desde el ejercicio intelectual, pero ese no es el propósito. Buscamos adentrarnos, gracias a libros sabios, en la esencia vital que se recrea, utilizar el texto para atisbar nuestro propio reflejo y así descubrir nuestra naturaleza…

A parte de la lectura de textos inspirados, tú eres tu mejor texto para ti mismo. ¡Conócete a ti mismo! Tu eres el microcosmos y el macrocosmos.  Cuando te conoces a ti mismo, conoces el universo.

Pintar o mirar un cuadro o un paisaje son otras formas de contemplación y reflexión que renuevan el espíritu. Dormir tranquilo es absolutamente reparador y es una forma imprescindible de nutrirse uno mismo.

 Una vez el Emperador de Persia preguntó a un Maestro Sufi: Maestro:

- ¿Qué puedo hacer para recuperar y renovar mi alma?  

- Mi señor -respondió él- duerma tanto como pueda.

- ¿A qué te refieres? ¡No puedo eludir mis deberes! He de impartir justicia, recibir a los embajadores, recaudar impuestos. Hay mucho que hacer, no tengo tiempo para dormir -dijo el Emperador.

- Pero señor, cuanto más duerma, menos oprimirá al Pueblo.

En muchas ocasiones, cuando estamos superactivos es cuando más oprimimos a otras personas y dañamos la tierra. Por ello, el sueño es una forma importante de nutrir el Ser.

En el Ramayana, un texto épico Indio, hay un gigante llamado Kumbhakarna que era hiperactivo.  Su madre rezó a los dioses: 

- Mi hijo es demasiado activo. El puede hacer todo en la mitad del tiempo, así que cuando termina de hacerlo se vuelve destructivo y no puede parar. Ayúdenme a encontrar algo que le pueda parar.

La diosa Shiva escuchó sus oraciones:

- Desde ahora tu hijo solo estará despierto seis meses y permanecerá dormido otros seis.

El ritmo de trabajo moderno es como ese gigante. Aunque gracias a la eficiencia tecnológica hacemos mucho trabajo en la mitad de tiempo, no podemos parar, y el no parar es algo destructivo. No olvidéis reservar una parte del tiempo al día para actividades culturales, contemplativas, creativas y recreativas.

Creo que aprender a nutrir la tierra, nuestra alma y la sociedad es el gran trabajo de nuestro tiempo. Estas tres cosas no pueden estar en compartimentos estancos. Deben considerarse unidos porque uno complementa el otro y forman un todo, un todo implícito en la trinidad.

Nutrir la Sociedad 

El respeto a la sociedad supone establecer un orden social basado en el dar y recibir. Esto implica reciprocidad y entrega mutua.

Todos hemos recurrido al legado intelectual y cultural universal para enriquecer nuestras vidas. Este legado se ha ido acumulando de generación en generación. Hemos aprendido mucho de los indios americanos, de los aborígenes australianos, de los advatis indios y de los bosquimanos de África. Hemos sido guiados por los valores de Cristo, Buda, Mahoma…  Hemos sido inspirados por Cervantes, Shakespeare, Tolstoi y muchos otros escritores. Nos hemos beneficiado de las vidas de Gandhi, la Madre Teresa, Martin Luther King… Ellos no perseguían fama, fortuna o poder sobre todas las cosas, no. Buda nunca reclamó el copyright de sus enseñanzas ni Shakespeare recibió royalties. 

Nos hemos deleitado gratuitamente con la música, la pintura, la arquitectura y la artesanía de muchas culturas desde tiempos inmemoriales. Hemos recibido el tesoro de su tradición como un regalo.  Para agradecer este regalo podemos ofrecer alegre y serenamente nuestro trabajo, creatividad, arte o artesanía, nuestro huerto o arquitectura a la sociedad, a las generaciones presentes y futuras.

Esta actitud es buena para todos, para otros y para nosotros mismos. Cuando estamos motivados por el espíritu, el trabajo no es una carga, un deber o una pesada responsabilidad; no somos ni siquiera los artífices de nuestra obra, el trabajo fluye a través de nosotros. No consideramos como una posesión nuestra creatividad o habilidades sino como un don, un regalo que hemos recibido y que nosotros a su vez ofrecemos. 

Es como si todos estos talentos formaran un caudaloso río que siempre fluye. Todos somos intermediarios y colaboramos añadiendo algo.  Mas si los intermediarios cortan el flujo y se vuelven ante todo individualistas, egoístas o comienzan a poner términos y condiciones previas, se terminarán secando tanto ellos como el río. Para que el río siga corriendo caudaloso, dinámico, todos los contribuyentes han de unirse a él con alegría, sin condiciones.  No podemos bloquear el río de la Vida, hemos de establecer una unión incondicional con él.  Esta es la forma de enriquecer nuestra sociedad y nuestra civilización.

La poesía de Goethe, Milton, Salinas,  las leyendas del Rey Arturo, el Mio Cid, el Mahabharata, las pinturas de Van Gogh, Picasso y Boticelli, la música de Mozart, las pirámides de Egipto, el Taj Mahal y miles de otras maravillas del mundo nos han enriquecido. Nos sentimos completamente agradecidos.  

Si estamos llenos de agradecimiento, cada momento es un momento idóneo para expresarlo. Este legado es nuestra verdadera herencia, nuestro auténtico capital. No podemos vivir negando esta herencia para siempre y si no hacemos algo para enriquecerla y reponerla ésta llegará a su fin.

Es bueno comer los frutos que nos han dejado nuestros antepasados y también es un imperativo vital continuar aportando nuestro granito de arena personal a esta cultura vital. No olvides que cuando escribimos un poema, cuando pintamos un cuadro o construimos una bonita casa, cuando cultivamos flores o cocinamos algo exquisito... estamos haciendo un regalo al mundo.

Y cuando todas estas actividades se realizan como algo sagrado, todas ellas enriquecen la sociedad. Cuando actuamos sin deseo de reconocimiento personal o recompensa, cuando nuestro trabajo emerge de un corazón puro como el de un niño, nuestras acciones se convierten en un regalo para la sociedad. Pero si nuestra acción está preñada de motivos impuros y razones exclusivamente egoístas, por muy bueno que sea el resultado final del trabajo, éste no formará parte de una sociedad constructiva.   

El trabajo generado desde un estado mental puro nunca es una fuente de stress, sino que se convierte en un servicio, en un motivo de alegría y de placer.

IMAGENES

01: El Hombre y La Tierra.

 

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