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Nuestras QUEJAS y Congojas  

Libro de Urantia (Compilación de Yolanda Silva)  

Red Ibérica de Luz y Urantiadad  

 

 

 

 

 
 

 

 
 

 

 
01.

Cuantas veces culpamos a la sociedad por su decadencia o a nuestros padres, que nos traumaron supuestamente con su educación... o al mismísimo Dios por las injusticias vividas. Pero como la mayoría de los seres humanos estamos en las mismas condiciones, nuestras quejas no son escuchadas y con ello nuestro corazón se va endureciendo y nos vamos cerrando a la única solución posible que es la autoayuda: el buscar no fuera, sino dentro de nosotros mismos las causas de los problema y sus soluciones.

 

Un hombre que había sufrido muchos años de depresión y enfermedades graves de su mente atribulada, se regocijó al escuchar las palabras de Jesús y levantándose de su lecho salió caminando. Este pobre hombre esperó todos esos años que viniera alguien a ayudarlo, su sensación de inutilidad era tal que no se le había ocurrido ni una vez, ayudarse a si mismo, lo cual debería haber hecho desde el comienzo para poder curarse.

Cuantas veces, nosotros actuamos igual que este hombre enfermo, nos sumimos en nuestras quejas por lo que nos está pasando y culpamos a la sociedad que está en decadencia, al gobierno porque sus leyes son ineficaces, a nuestros padres porque con su educación nos traumatizaron, a los hijos porque no nos atienden como debieran, a los vecinos porque  son poco colaboradores y así suma y sigue, hasta que por último culpamos a Dios de estar castigándonos injustamente y no titubeamos en decirle: Señor ¿por qué a mi?

Ponemos así la causa de nuestros problemas fuera y por eso, lo único que se nos ocurre es quejarnos, en espera que algo extraordinario pase o que alguien nos escuche y nos dé la solución. Pero como la mayoría de los seres humanos están en las mismas condiciones, nuestras quejas no son escuchadas y con ello nuestro corazón se va endureciendo y nos vamos cerrando a la única solución posible que es la autoayuda, el buscar no fuera, sino dentro de nosotros la causa del problema y la solución del mismo.

El hombre no debe culpar a Dios por sus aflicciones ya que son el resultado natural de la vida que elige vivir, tampoco el hombre debe quejarse de esas experiencias que son parte de la vida tal como se vive en este mundo.

Si en nuestros momentos de aflicción, en vez de quejarnos, tomáramos contacto con nuestro espíritu y recordáramos que somos hijos de Dios, y que como a tales El nos ama, nuestra actitud sería diferente porque cuando las almas afligidas buscan sinceramente a Dios, hambrientas de verdad, sedientas de justicia, nada puede retenerlas en su cautiverio. Sea cual fuere el abismo en el cual puedan haber caído. Cuando buscan la luz con todo su corazón, el espíritu del Señor Dios del cielo, las liberará de su cautiverio, las circunstancias de la vida serán arrojadas a la tierra firme de las nuevas oportunidades, para un servicio renovado y una vida mas sabia.

Dios solucionará nuestros problemas solo en la medida que nosotros busquemos la luz con todo nuestro corazón. Debemos pues, hacernos responsables de nuestra vida y ser los arquitectos de nuestro propio destino, porque si estamos unidos al Padre, podemos tener la certeza que las circunstancias malignas de la vida se transformaran en nuevas oportunidades porque es la voluntad del Padre que el hombre mortal trabaje con perseverancia y firmemente hacia el mejoramiento de su condición en la tierra.

Que importante es no quedarse en lo negativo que nos pueda estar pasando, sino aprovechar esa dificultad como un desafío para sacar de ella algo positivo. No siempre se pueden cambiar las circunstancias y los hechos materiales. Pero la transmutación espiritual si se puede hacer siempre, porque el poder de hacerlo está en nuestra propia mente.

Aun los problemas físicos de la salud del cuerpo y de su eficiencia, se solucionan de mejor manera cuando se les considera desde el punto de vista religioso de las enseñanzas del Maestro. Así pues, la mente del hombre, se vuelve mediadora entre las cosas materiales y las realidades espirituales.

La  vida será una carga pesada a menos que aprendas a enfrentar los fracasos con donaire. Es un arte aceptar las derrotas. Debes saber como aprender, sin perder el camino y el ánimo, no debes temer al desencanto. No olvides que el bien verdadero es invariablemente mas poderoso que el mal mas maligno. Solo los que se enfrentan a los hechos y los adaptan a los ideales pueden llegar a la sabiduría.

Dios escribe derecho con líneas torcidas, este refrán popular encierra gran sabiduría, porque lo que en un momento dado, para nosotros puede significar una pérdida o un fracaso, con el correr del tiempo nos damos cuenta que lo mejor que pudo habernos pasado fue lo que nos ocurrió, porque ese aparente fracaso nos libero de un  mal mucho mayor.

Es muy importante, cuando queremos evolucionar en el camino espiritual, ir tomando conciencia de todo lo que nos ocurre, porque vamos entrelazando los acontecimientos cotidianos y al hacerlo nos damos cuenta que ellos no ocurren por casualidad y que la gran mayoría de las veces, lo que nos ocurre es solo el fruto de lo que hemos sembrado. Recordemos también que aun cuando la trasgresión a la ley divina cosecha tarde o temprano el castigo, aunque los hombres indudablemente cosechan lo que sembraron, debes saber que el sufrimiento humano no siempre es castigo por un pecado anterior.

El Padre del cielo no aflige a propósito a los hijos de los hombres. El hombre sufre primero, por los accidentes del tiempo y por las imperfecciones que se originan del mal en una existencia inmadura.

Al darnos cuenta de lo que nos ocurre y aceptarlo responsablemente como un aprendizaje de la vida y sin culpar a nadie, es uno de los grandes logros espirituales que podemos obtener, pues al autoayudarnos estamos creciendo y fortaleciéndonos y, lo que es más importante, estamos acatando la voluntad de Dios con una buena disposición.

El desaliento, la preocupación y la indolencia son prueba positiva de la inmadurez emocional, pues el ser humano maduro pronto comienza a ver a todos los demás mortales con sentimientos de ternura y con emociones de tolerancia.

El individuo inmaduro despierta el antagonismo de sus semejantes; el hombre maduro gana la cooperación sincera de sus asociados, multiplicando así muchas veces los frutos de los esfuerzos de su vida. El hombre que quiere tener amigos debe mostrarse amistoso. 

La gran mayoría, por no decir todos los problemas tienen solución si los abordamos con una mente serena y confiada. El primer paso en la solución de todos los problemas consiste en ubicar la dificultad, aislar el problema y reconocer francamente su naturaleza y gravedad.  El gran error es que, cuando los problemas de la vida despiertan nuestros temores profundos, nos negamos a reconocerlos y, por tanto, no los abordamos.

No hay nada mas paralizante que el temor, él nos inhibe, impidiéndonos ver una salida lógica al problema. Por eso, la mejor forma de aminorar nuestros problemas e incluso aprovecharlos para nuestro crecimiento, es permanecer unidos al Padre en forma activa, es decir, no limitarnos a orar para que El solucione nuestras inquietudes, sino también cuestionar lo que nosotros estamos haciendo y para qué lo hacemos.  Hay veces que nos desgastamos trabajando o sufriendo por un sueño imposible, que mas que una necesidad real responde a un capricho de nuestro inconsciente, motivado por el orgullo o la vanidad de querer obtener algo que no necesitamos o para lo cual no hemos hecho el suficiente mérito.

La solución sabia y eficaz de todo problema exige que la mente esté libre de ideas preconcebidas, prejuicios personales y pasión desmedida, porque todo esto interfiere en la solución real del problema. El poder solucionar los problemas requiere coraje y sinceridad. Solo las personas honestas y valientes son capaces de seguir valerosamente a través del perturbador y desconcertante laberinto del vivir, hasta donde los puede conducir la lógica de una mente sin temor.  Esta emancipación de la mente y del alma no puede producirse sin el poder impulsor de un entusiasmo inteligente y el apoyo de nuestro Ajustador.

Debéis daros cuenta de que la mejor manera de solucionar problemas enmarañados, consiste en alejarse de ellos por un tiempo. Así, cuando volváis descansados después de un período de esparcimiento o adoración, podréis atajar vuestros problemas con la mente mas clara y mano mas firme y desde luego, con el corazón mas resuelto. Muchas veces veréis que el problema se ha achicado en tamaño y proporción durante vuestro reposo de la mente y el cuerpo.

Aunque estés efectivamente armado para encarar las situaciones difíciles de la vida, no puedes esperar mucho éxito a menos que estés equipado de esa sabiduría de mente y encanto de personalidad que te permita ganar el apoyo y cooperación sincera de tus semejantes. No puedes esperar una amplia medida de éxito, ni en el trabajo secular ni en el trabajo religioso, a menos que aprendáis como persuadir a tus semejantes. Para convencer a los hombres simplemente debes tener tacto y tolerancia.

Tomar conciencia del problema que nos atañe requiere de tiempo físico, debemos hacer un alto en nuestra agitada vida, no solo para examinar sus causas y posibles soluciones, sino también para unirnos a Dios, especialmente al Espíritu, que es quien mas directamente puede guiarnos y darnos ese reposo que renueva la mente, esa iluminación que inspira el alma, ese valor que permite enfrentarse valientemente con los problemas. Esa comprensión que borra el temor debilitante, y esa conciencia de la unión con la divinidad que da al hombre la seguridad necesaria para atreverse a ser como Dios. Entonces la fe penetra las nubes del sufrimiento para discernir la luz de la vida que se derrama del Padre con misericordia sanadora y rectitud perdurable.

Amigo mío, ¡levántate! ¡Ponte de pie como un hombre! Puede que te rodeen enemigos insignificantes y que muchos obstáculos obstruyan tu marcha, pero las grandes cosas y las cosas reales de este mundo y del universo están de tu parte. El sol sale todas las mañanas para saludarte a ti como el hombre mas poderoso y próspero de la tierra.  Pero para que esto suceda debes creer en ti mismo y conservar tu armonía interna para ser capaz de ver tus problemas en su exacta dimensión y abordarlos con una mente serena y confiada.

Pon tu mente a trabajar para resolver tus problemas, enseña a tu intelecto a que trabaje para ti, no te dejes dominar por el temor como si fueras un animal que no piensa o un siervo esclavizado por la depresión y la derrota. Pero lo mas valioso de todo, tu potencial para el logro verdadero, es el espíritu que vive dentro de ti, que estimulará e inspirará a tu mente para  que se controle a si misma y active a tu cuerpo, liberándolo de la inacción y del temor. Cuando esto suceda renacerás, restablecido como hombre de fe, coraje y dedicado al servicio del hombre para la gloria de Dios. Entonces, los problemas aumentarán tu vigor, la desilusión te servirá de acicate. Las dificultades serán un desafío y los obstáculos un estímulo.

La vida es todo lo hermosa que tú decidas hacerla, tienes todos los elementos y todas las herramientas necesarias. ¡Úsalas para construir tu propia felicidad en vez de quejarte y acongojarte tan fácilmente!

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01: Búsqueda interior.

 

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