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¿CHOQUE DE CIVILIZACIONES?  

José Eduardo  

Cambio Cultural y Filópolis  

 

 

 

 

 
 

 

 
 

 

 
01.El Islam

Si hay un punto de acuerdo sobre el 11 de septiembre, es que a partir de ese día el mundo cambió. Pero, qué forma está adquiriendo. ¿Estamos asistiendo realmente a un choque de civilizaciones? ¿Cómo puede buscarse el diálogo intercultural? Entre las diversas respuestas que se dan, en lugar de entrar en la dialéctica de confrontación que denota el choque de civilizaciones de Samuel Huntington, resulta más legítimo optar por la defensa de la civilización en singular. Y entre cuyos cimientos estén los derechos humanos de todos y el derecho internacional aplicado a todos por igual.

 

Samuel P. Huntington, nacido el 1927 en los EEUU, es uno politólogo internacional que hoy ejerce de profesor de Ciencias Políticas en la Universitat de Harvard. En 1970 fundó la revista Foreing Policy (Política Exterior), en 1977 entró a formar parte del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.

 

Su primera obra importante es de 1968: El Orden Político en las Sociedades en Cambio. En 1991 publicó La Tercera Ola. La Democratización a finales del Siglo XX; pero la obra que ha puesto Huntington en la lista de los investigadores actuales más influyentes es El choque de Civilizaciones y la Reconfiguración del Orden Mundial (The clash of civilitzations and the remarking of world order), de 1996. Veamos el núcleo de la argumentación de Huntington.

INTRODUCCION

Durante las décadas de la guerra fría, expone Huntington, los conflictos mundiales tenían raíces de orden ideológico y económico; inicialmente el planeta estaba configurado en dos bloques, el occidental o capitalista y el bloque comunista; posteriormente, se formó un tercer bloque, el de los países no alineados. Con la caída del bloque comunista se esperaba que el otro bloque, el occidental, se impusiese plenamente, pero no ha sido del todo así sino que, contrariamente, ha emergido un mundo plural, un mundo de civilizaciones.

Su Obra

No se ha instaurado, como muchos profetizaban, la victoria final de Occidente sino que se ha dado un resurgimiento o una reafirmación de viejas civilizaciones. Resurgimiento y reafirmación que han comportado un alejamiento y un rechazo de todo aquello que proviene de Occidente, que han supuesto un retorno a los más autóctonos orígenes culturales: unos orígenes que son fundamentalmente religiosos. Así, pues, emergen unas viejas civilizaciones que tienen en una religión su más profunda identidad.

¿Cuáles son estas civilizaciones emergentes? Huntington constata (1996) el resurgir islámico (muchos países que en las décadas de la guerra fría asumían el marxismo-leninismo o que formaban parte de los países no alineados, actualmente encuentran su identidad y esperanza en el Islam), la civilización china (la milenaria China recupera el Confucionismo, la concepción de la vida del maestro Confucio, del siglo VI antes de Cristo), la civilización japonesa (formada a partir de la china pero con tradiciones propias), la civilización hindú (que tiene un núcleo cultural de más de tres mil quinientos años), la civilización ortodoxa (emparentada con la Occidental pero que remarca las diferencias), también la civilización budista y, con futuro impreciso, la civilización africana y la latinoamericana.

Este nuevo orden mundial tiene sus riesgos. Las civilizaciones emergentes se consideran superiores a la de Occidente, con valores morales más auténticos. Huntington prevé que, por vía del desafío demográfico (el 2025 más del 25% poblacional mundial será musulmana) o por vía del crecimiento económico (el 2025 Asia incluirá siete de las economías más fuertes del planeta) o por vía de la militancia creando inestabilidad, el poder y los controles de la civilización occidental se desplazarán hacia las civilizaciones no occidentales. Así, un choque de civilizaciones, de estas civilización arraigadas a religiones, dominará la política a escalera mundial: en las fronteras entre civilizaciones se producirán las batallas del futuro. Una de estas fronteras o líneas de fractura pasa precisamente por la ex-Yugoslavia dividiendo sus pueblos.

El retorno a las culturas autóctonas o indigenización dificulta hablar de principios éticos y valores universales. Para muchos chinos y para muchos musulmanes la democracia y la misma Declaración Universal de Derechos Humanos son creaciones occidentales, no universales. En esta situación, si se quiere evitar peligrosos enfrentamientos, es urgente buscar los atributos comunes en todas las civilizaciones, es decir, tenemos que perseguir, aceptando la diversidad, la moralidad mínima que se deriva de la común condición humana.

Textos Escogidos De El Choque de Civilizaciones

Estamos asistiendo al final de una era de progreso dominada por las ideologías occidentales, y estamos entrando en una era en la que civilizaciones múltiples y diversas interaccionarán, competirán, convivirán y se acomodarán unas a otros. Este proceso planetario de indigenización se manifiesta ampliamente en el resurgir de la religión que está teniendo lugar en tantas partes del mundo, y más concretamente en el resurgimiento cultural en países asiáticos e islámicos, generado en parte por su dinamismo económico y demográfico

La sociedad humana es universal porque es humana, particular porque es sociedad. A veces caminamos con otros; la mayor parte del tiempo caminamos solos. Sin embargo, de la común condición humana se deriva una moralidad mínima tenue, y las disposiciones universales se encuentran en todas las culturas. En vez de promover las características supuestamente universales de una civilización, los requisitos de la convivencia cultural exigen investigar lo que es común a la mayoría de civilizaciones. En un mundo de múltiples civilizaciones, la vía constructiva es renunciar al universalismo, aceptar la diversidad y buscar atributos comunes.

¿CHOQUE DE CIVILIZACIONES?

 

02.Samuel P Huntington en el Foro de Davos

Tras el atentado del 11 de septiembre contra el World Trade Center, el mundo político y académico se pregunta si no estamos asistiendo al choque de las civilizaciones anunciado por Samuel P. Huntington en su ya famoso artículo publicado por Foreign Affairs en 1993. Escribía Huntington en esa oportunidad:

 

Es mi hipótesis que la fuente fundamental de conflicto en este nuevo mundo no será primariamente ideológica o primariamente económica. Tanto las grandes divisiones de la humanidad como la fuente dominante de conflicto serán culturales. Los Estados-nación seguirán siendo los actores más poderosos en los asuntos mundiales, pero los principales conflictos políticos internacionales ocurrirán entre naciones y grupos de diferentes civilizaciones. El choque de las civilizaciones dominará la política mundial. Las líneas de fractura entre civilizaciones serán las líneas de batalla del futuro.

 

En el mismo escrito, Huntington indicaba que hay conflicto en la línea de ruptura que separa la civilización occidental de la islámica desde hace 1300 años, que esta interacción militar podría hacerse más virulenta y que en ambos lados se ve como un choque de civilizaciones. Puntualizaba al final que aquí no se trata de hacer una defensa de los conflictos entre las civilizaciones, sino de presentar hipótesis descriptivas de cómo podría ser el futuro. Y si éstas son hipótesis aceptables, es necesario considerar qué consecuencias tendrían para la política occidental.

En el libro en el que posteriormente amplió sus ideas, El choque de Civilizaciones, Huntington analizaba las causas del resurgimiento islámico, la inesperada aparición y ascenso de los movimientos islamistas a partir de los años setenta. Decía que el problema subyacente para Occidente no es el fundamentalismo islámico. Es el Islam, una civilización diferente cuya gente está convencida de la superioridad de su cultura y está obsesionada con la inferioridad de su poder.

Las Reacciones Iniciales

No sorprende, entonces, que la expresión choque de civilizaciones haya sido desempolvada al día siguiente del ataque terrorista. Las imágenes televisivas de manifestantes palestinos celebrando el atentado, las agresiones sufridas en EEUU por miembros de la comunidad musulmana, contribuyeron a reforzar la sensación de un conflicto entre culturas.

El 13 de septiembre, en un artículo publicado en Financial Times, Dominique Moise, del Institut Francais des Relations Internationales, decía que la oscura predicción de Huntington suena repentinamente menos extrema, menos abstracta y más plausible. Los terroristas habían logrado que Occidente recuperara el sentido de solidaridad debilitado después de la Guerra Fría. El mejor ejemplo era la afirmación Todos somos Americanos que había elegido como titular de su primera plana el diario Le Monde, una publicación, señalaba Moise, bien conocida en los 50 por sus puntos de vista neutrales y, más recientemente, por sus posiciones a menudo antiamericanas.

Los líderes políticos en EEUU y Europa intentaron calmar los ánimos y enfocar el problema en el fenómeno del terrorismo global. El político más popular de Alemania, Joschka Fischer, del partido Verde, pidió un fortalecimiento del diálogo intercultural. Haríamos bien en no dejarnos imponer esta estrategia del choque de las civilizaciones, buscada por los autores del ataque, sostuvo.

El propio Huntington, entrevistado por el semanario alemán Die Zeit, calificó el atentado como un ataque contra la sociedad civilizada de todo el mundo, contra la civilización como tal. El periodista le preguntó frontalmente si el mundo estaba asistiendo a un choque de civilizaciones. No -respondió Huntington- el mundo islámico está escindido. Que se impida la auténtica colisión depende de si los países islámicos colaboran o no con Estados Unidos en la lucha contra este terror.

Pero poco después el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, cometió un aparente exabrupto. Durante una visita a Berlín aseguró que no podemos poner en el mismo plano a todas las civilizaciones. Hay que ser conscientes de nuestra supremacía, de la superioridad de la civilización occidental.

Las réplicas llegaron de todas partes. El presidente de la Comisión Europea, el italiano Romano Prodi, dijo que no compartimos el punto de vista del señor Berlusconi y que no caeremos en ningún caso en una guerra de civilizaciones. El secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, opinó que Berlusconi había cruzado los límites de la razón.

El premier de Italia ofreció sus disculpas. El semanario on line egipcio Al-Ahram reflexionó si Berlusconi no había expresado acaso lo que muchos pensaban pero no podían decir, ejercitando los viejos instintos populistas que le dieron tanto éxito en el pasado.

Orientalismo

El palestino Edward Said es profesor de literatura comparada en la Universidad de Columbia, también conocido por sus agudos comentarios políticos publicados regularmente en el diario británico The Guardian y en El País de España. Su principal trabajo, que data de 1978, es Orientalismo, una crítica de la investigación académica francesa, inglesa y norteamericana sobre las sociedades árabes del Medio Oriente y el norte de África. Said sostiene en su libro que el Oriente es una representación, un discurso particular construido por Occidente, que nunca existió sino en la mente de los occidentales.

Una semana después del atentado contra el World Trade Center, Said advertía en una de sus columnas que las pasiones colectivas están siendo canalizadas hacia una campaña a favor de la guerra que se parece extraordinariamente a la persecución de Moby Dick por el Capitán Ahab. Argüía que el Islam y Occidente son banderas inadecuadas para seguirlas ciegamente y que no hay un solo Islam: hay varios Islam, igual que hay varios Estados Unidos.

Su réplica directa al concepto de choque de civilizaciones llegaría un mes después, con un artículo que el diario El País publicó bajo el título de El choque de Ignorancias: allí lamentaba que el espantoso atentado suicida cometido por un pequeño grupo de militantes trastornados y llenos de motivaciones patológicas se ha utilizado como prueba de la tesis de Huntington.

El centro de su crítica es que Huntington, igual que Bernard Lewis (ver más abajo), insisten con imprudencia en la personificación de unas entidades inmensas llamadas Occidente e Islam, como si unas cuestiones tan complicadas como la identidad y la cultura existieran en un mundo de dibujos animados en el que Popeye y Brutus se golpean sin piedad (...) Ni Huntington ni Lewis dedican mucho tiempo a la dinámica interna y la pluralidad de cada civilización.

En realidad -agregaba-, Huntington es un ideólogo, alguien que pretende convertir las civilizaciones y las identidades en lo que no son, entidades cerradas y aisladas de las que se han eliminado las mil corrientes y contracorrientes que animan la historia humana y que, a lo largo de los siglos, han permitido que la historia hable no sólo de guerras de religión y conquistas imperiales, sino también de intercambios, fecundación cruzada y aspectos comunes.

En El choque de Ignorancias Said decía que Huntington se había basado en sus ideas sobre el conflicto entre el Islam y Occidente en un artículo escrito en 1990 por Bernard Lewis (para algunos el principal historiador occidental sobre el mundo árabe): Las Raíces de la Ira Musulmana.

En ese trabajo, Lewis hablaba en efecto de un choque de civilizaciones, la reacción quizás irracional pero seguramente histórica de un antiguo rival contra nuestra herencia judeo-cristiana, nuestro presente secular y la expansión mundial de ambos. Remarcaba sin embargo que era crucialmente importante no responder con una reacción igualmente histórica pero también irracional contra ese rival. Además, sostenía que el movimiento hoy llamado fundamentalista no es la única tradición islámica. Hay otras, más tolerantes, más abiertas (...) y podemos tener esperanzas de que esas otras tradiciones prevalecerán con el tiempo. Mientras tanto debemos tener gran cuidado en todos lados para evitar el peligro de una nueva era de guerras religiosas.

Lewis busca la causa de esa ira musulmana y comienza por observar que, mientras en el cristianismo hay una separación de la religión y la política (a César lo que es de César...), en el Islam la lucha del bien y el mal adquirió muy pronto dimensiones políticas e incluso militares. La humanidad quedaba dividida en fieles e infieles, a quienes los musulmanes debían traer al Islam. La Cristiandad fue reconocida pronto como un genuino rival y la pugna entre los dos sistemas dura ya catorce siglos. Pero en los últimos trescientos años el Islam estuvo a la defensiva. Los avances de Occidente y de Rusia, la invasión de ideas y estilos de vida foráneos e incluso los desafíos dentro de su propia sociedad, por parte de mujeres emancipadas y chicos rebeldes, desataron la ira que debía dirigirse primariamente contra el enemigo milenario y extraer su fuerza de antiguas creencias y lealtades.

Lewis piensa que el sentimiento antiamericano de muchos musulmanes no puede explicarse principalmente por el apoyo estadounidense a Israel o a regímenes árabes tiránicos y corruptos, o por el imperialismo o la explotación. Se pregunta porqué, si no, la hostilidad hacia Occidente es mucho mayor que la dirigida hacia Rusia, que todavía gobierna, y no con mano blanda, sobre muchos millones de musulmanes renuentes. Sostiene que los grandes cambios sociales, intelectuales y económicos que han transformado al mundo islámico, y en particular el consumismo y el secularismo, llegaron de Occidente y no de la Unión Soviética.

Es el capitalismo occidental y la democracia la que provee una alternativa auténtica y atractiva a los modos tradicionales de pensar y vivir. Los líderes fundamentalistas no se confunden al ver en la civilización occidental el más grande desafío al modo de vida que ellos desean retener o restaurar para su pueblo, concluía Lewis.

Pluralismo Vs Multiculturalismo

Debido a la constante inmigración de musulmanes a Europa y Estados Unidos, las relaciones de éstos con el mundo islámico ya no están limitadas a los vínculos entre países. En su último libro, La Sociedad Multiétnica, el politólogo Giovanni Sartori sostiene la polémica tesis de que los inmigrantes de otras culturas que no están dispuestos a integrarse a la sociedad que los recibe no deberían acceder fácilmente a los derechos de ciudadanía.

Sartori defiende una sociedad pluralista, basada en la tolerancia, el consenso y la integración dentro de la diversidad, pero se opone al multiculturalismo, pues entiende que éste defiende una sociedad en la que las culturas minoritarias coexisten sin interrelacionarse: cuando esas subculturas rechazan el pluralismo, la sociedad abierta se pone en riesgo a sí misma.

El libro de Sartori fue presentado en España en abril. En una entrevista concedida al diario El País, no tuvo empacho en decir que el Islam, que pasa ahora por un fuerte renacimiento, es, yo diría hoy que absolutamente, al cien por cien, incompatible con la sociedad pluralista y abierta de Occidente.

Los principios de las dos culturas son antagónicos -añadía- y son ellos los que nos consideran a nosotros los infieles aunque estén aquí, no nosotros a ellos. Decía creer que los inmigrantes musulmanes que llegan al sur de España e Italia no tienen ningún deseo de integrarse salvo excepciones. Para el politólogo italiano, si entras en un país que no es el tuyo y te beneficias de ello (...) debes atenerte a los valores básicos de la sociedad que te acoge. Si no lo aceptas, no es que yo te vaya a echar, pero no te hago ciudadano con los mismos derechos de un país cuyas reglas no aceptas.

Las Bases Sociales Del Islamismo

Gilles Kepel es considerado uno de los principales expertos en el movimiento islamista. El autor de La revancha de Dios, dirige el programa de doctorado sobre el mundo musulmán del Instituto de Estudios Políticos de París. En su último libro, La Yihad. Expansión y Declive del Islamismo, Kepel sostiene que el movimiento se ha fracturado, ha perdido su atractivo y, como afirma el mismo título del trabajo, entró ya en una fase de retroceso.

Kepel piensa que los investigadores han puesto demasiado énfasis en la ideología del islamismo y que es necesario examinar las fuerzas sociales que participan en él. Este análisis le permite explicar porqué el islamismo triunfó en Irán y fracasó, por ejemplo, en Egipto y Argelia, así como diagnosticar su actual debilitamiento y disgregación.

Para Kepel los movimientos islamistas han sido siempre socialmente ambiguos. Estaban compuestos, de un lado, por la juventud urbana pobre, producto de la explosión demográfica y el éxodo rural, y que tuvo acceso por primera vez a la alfabetización. El otro grupo era la burguesía y la clase media religiosa, heredera de los comerciantes del bazar y marginada del poder tras la descolonización. Dentro de este sector había profesionales que fueron a trabajar a los países árabes productores de petróleo.

Tanto los jóvenes urbanos pobres como la burguesía del bazar se identificaron con la ideología islamista, que prometía restablecer la sociedad justa de los primeros tiempos del Islam y se oponía a gobiernos ya muy desgastados. Khomeini triunfó en Irán porque supo atraer y unificar a los dos grupos sociales. En Egipto y Argelia, sin embargo, el discurso islámico no fue producido por el clero, sino por jóvenes intelectuales que terminaron ahuyentando a la clase media. Además, los regímenes en el poder procuraron todo el tiempo escindir a los dos componentes del movimiento.

En su libro, Kepel sostiene que las nuevas élites que han llegado al poder en algunos países musulmanes tienen la oportunidad de aprovechar el declive del islamismo para promover un tipo de democracia musulmana.

En una entrevista concedida un mes antes del atentado al World Trade Center, Kepel afirmaba que en los setenta el islamismo era una utopía. Pero ha dejado de serlo. Ha estado en el poder y ha tenido corrupción, fracaso, injusticia, sexo, y ya no tiene carácter prometedor. En el mundo islámico soplan los vientos de la explosión informativa (de lo que es un ejemplo el fenómeno de la cadena de televisión Al-Jazeera), que representa un desafío tanto para los regímenes en el poder como para los islamistas.

En cuanto al movimiento afgano, Kepel indicaba que, a diferencia de lo que hacían los ideólogos islamistas de los setenta (leer libros y hacer política), en Afganistán se fue desarrollando una escolástica oscura que llevó a una nueva generación de jóvenes a considerar que la violencia es la única llave del éxito. Así como habían expulsado a los rusos del país, pensaron que podían derrocar a los regímenes de los otros países musulmanes. Se equivocaron, por supuesto, porque se olvidaron que para eso hay que hacer política, sentenciaba el estudioso francés.

Pronósticos Del Siglo XXI

La caída del muro de Berlín en 1989 marcó, desde un punto de vista histórico, el final del siglo XX. Con la terminación de la guerra fría, el modelo occidental de democracia capitalista aspiraba a convertirse en universal. A través de los fenómenos simultáneos de la globalización y la regionalización, el mundo parecía encaminarse a un sistema de multipolarismo económico con una única superpotencia militar.

Las reformas de mercado y el libre flujo de capitales e ideas llevarían el desarrollo y la democracia a todas partes. En algunas de esas concepciones el mundo quedaba dividido en tres grandes bloques económicos: EEUU, el Este de Asia y Europa.

Muy pronto Huntington vino a contradecir la idea del fin de la historia. Planteó que el mundo del siglo XXI sería mucho más multipolar de lo que algunos pensaban. Otras civilizaciones no sólo habían dejado de sentirse inferiores a Occidente. Con su creciente poder económico, militar y demográfico, empezaban a sentirse seguras de la superioridad de su cultura. En particular, surgía China como la civilización capaz de desplazar a EEUU, en el lapso de algunas décadas, como la potencia hegemónica.

Decía Huntington en El choque de civilizaciones: Si el desarrollo económico chino continúa durante otra década, cosa que parece posible, y si China mantiene su unidad durante el periodo sucesorio, cosa que parece probable, los países del este asiático y el mundo tendrán que reaccionar ante el papel cada vez más seguro de sí mismo de este actor, el más grande en la historia humana.

El atentado contra el World Trade Center obliga a replantear una vez más los pronósticos sobre el siglo XXI. Al evaluar las consecuencias del ataque terrorista, Eric Hobsbawn recordó que ya había adelantado que las dos grandes novedades del siglo XXI serían que EEUU no podría gobernar el mundo por sí solo y que las guerras no se librarían exclusivamente entre Estados, sino además entre éstos y poderosas organizaciones no estatales.

Para Hobsbawn el ataque terrorista abre un periodo de inestabilidad similar al que tuvo lugar en Europa con la serie de atentados contra los reyes a fines del siglo XIX. La posibilidad de que el proceso termine o no en una guerra depende de lo que haga EEUU. Considera probable que haya revoluciones y golpes de Estado en los países de Medio Oriente y, frente al terrorismo, opina que hace falta una respuesta colectiva, de todos los Estados que se ven amenazados. Esto vale también para los chinos y los rusos.

El periodista e historiador británico Timothy Garton Ash -Historia del Presente- cree que el atentado contra el World Trade Center cambió el mundo porque transformará la mentalidad del hombre medio norteamericano, que nunca se preocupó verdaderamente por el mundo exterior y, desde Vietnam, impidió a sus líderes arriesgar la vida de soldados estadounidenses. Coincide en que la mejor solución sería una acción internacional contra el terrorismo, coordinada por Naciones Unidas y que incluya a China y Rusia.

En lugar del choque de civilizaciones de Samuel Huntington -afirma- tendríamos la defensa de la civilización en singular. Y entre los cimientos de la civilización están los derechos humanos de todos y el derecho internacional aplicado a todos por igual.

IMAGENES

01: La Meca, centro espiritual del Islam. | 02: Samuel P Huntington en el Foro de Davos.

 

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